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Una Respuesta Tranquila

En la revista Carrusel de la semana pasada encontré el artículo de Virginia Mayer, una mujer que afirma enfáticamente: “No soy feminista”. Y en El Espectador, Mauricio Rubio de nuevo ataca –siempre agresivamente– a las feministas.

A mí personalmente me parece interesante poder leer de vez en cuando voces de hombres y mujeres alérgicas al feminismo. En respuesta a estos ataques, diría que no queremos tampoco que todas las mujeres sean feministas; no queremos un mundo hegemónico, unívoco y en el cual todas las mujeres sean del mismo color ideológico. Sabemos –además– que muchas mujeres tienen prácticas profundamente feministas y, sin embargo, no soportan esta denominación. Bien. No problem.

Y, bueno, para otras mujeres esta opción de nombrarse feministas ha sido motivada por una razón hondamente ética-política; una opción que nos ha permitido avanzar en equidad de género, en disminución de las discriminaciones y de las violencias en contra de las mujeres, en políticas públicas y legislaciones que cumplen, además, pactos tanto nacionales como internacionales firmados por Colombia. A sabiendas de que uno no cambia el mundo sin profundos procesos colectivos de transformaciones culturales y voluntad política.

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