Inicio
Perspectivas desde el acompañamiento a procesos de educación popular entre mujeres indígenas

En el marco del VIII Asamblea General de la REPEM Lac – Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe de la cual Codacop es organización social, participamos en el Panel Educación Popular Feminista, con una presentación que habla de las reflexiones que en torno al tema a partir del acompañamiento al Tejido Mujer ACIN de la Cxab Wala Kiwe (ACIN) en el Norte del Cauca.  Compartimos el texto preparado y presentado por Janneth Lozano B – directora de la organización y acompañante de este proceso.

 

Perspectivas desde el acompañamiento a procesos de educación popular entre mujeres indígenas

Janneth Lozano B.

Codacop


Cuando empecé a preparar esta presentación me vino a la memoria un libro que conocí hace unos años (2008) que hicieron las mujeres indígenas embera y zenúes que hacen parte de la OIA (Organización Indígena de Antioquia); el libro se titula “Antigua era más dura” y en él, las mujeres hacen referencia, a que antes la vida no era mejor para ellas. Pasé un tiempo tratando de recordar las voces y vivencias presentes en este libro y tuve la certeza de que se referían a un ANTIGUA, o pasado reciente de ellas mismas, de sus mamás o hasta de sus abuelas.  Pero, ¿a qué viene este recuerdo, cuando la idea es hablar de experiencias de educación popular feminista?; quizás es una forma, aprendida, de pensar a lo indígena… siempre volviendo al pasado para analizar el presente y proyectar el futuro; siendo esta una de las metodologías a partir de las cuales las mujeres adelantan sus procesos de formación, aprenden y amplían la comprensión del mundo que habitan como mujeres.

Cuando empezamos, hace más de 30 años, a dinamizar procesos de formación entre mujeres indígenas, en el norte del Cauca con las mujeres nasa, lo hicimos tomando prestado herramientas y enfoques de la educación popular (la de Freire y la experiencia latinoamericana, que bien sabemos todas, en esa época, no se preguntó por la vida de las mujeres y las relaciones de poder entre los géneros);  poco a poco se fue configurando una pedagogía que se fue nutriendo con perspectivas críticas, que desde el feminismo nos interpelaba por las relaciones de poder y el patriarcado; pero la tarea no era fácil y cuando se nos apareció el género (que parecía menos radical y conciliador), lo asumimos como el concepto, a partir del cual podíamos analizar la vida y situación de las mujeres y pensamos, que el camino iba a ser menos pedregoso.

Sin embargo, las presiones y críticas no se hicieron esperar, las resistencias venían de todo lado, los argumentos para atacar estos procesos eran variados: esto no es indígena, esto es feminismo europeo o gringo, es libertinaje, es imposición de la cooperación, es individualista, entre muchas otras cosas que se decían.  Detrás de estas críticas, lo que se logró ver, era un miedo enorme, por parte de los varones a perder el poder sobre las mujeres y tener que compartir el poder político; y al mismo tiempo, el miedo de las mismas mujeres de tener que enfrentar relaciones de subordinación, violencia y dominación y la incertidumbre de pensar lo que sería sus vidas sin un hombre al lado.

Frente a esta situación, pronto las mismas mujeres, empezaron a preguntarse: ¿es, todo esto que hacemos y decimos, resultado de un pensamiento nuestro, propio, indígena?, siendo el feminismo y el mismo género una creación de occidente, ¿sí responde a nuestra realidad?, ¿serán que nos están imponiendo formas de vernos y pensarnos como mujeres y percibir el mundo? Cuestionamientos que ya otras mujeres latinoamericanas se estaban haciendo en el marco, de procesos de afirmación y autonomía de los pueblos indígenas en la región.

Desde entonces y de manera colectiva entre las mujeres de Cxhab Wala Kiwe, la tarea ha consistido en conceptualizar y crear un propio enfoque de “trabajo con mujeres”, teniendo como punto de partida, el camino recorrido, la experiencia y visión como mujeres e indígenas, nutriéndose siempre de las experiencias, conceptualizaciones y luchas de las otras, ancestras y feministas latinoamericanas y del mundo desde una perspectiva del diálogo intercultural: del feminismo de la igualdad, de la diferencia, del feminismo comunitario, del ecofeminismo, entre otras fuentes. Es un proceso, una construcción progresiva y permanente que se recrea conceptual y pedagógicamente a partir de la reflexión crítica del hacer y la propia experiencia indígena, en donde al centro está la vida de las mujeres, su cuerpo, sus derechos, la familia, la comunidad y el territorio.

Son las “escuelas” de mujer, una experiencia multi-estratégica porque se implementa en espacios de formación – talleres, tulpas (conversación en centro ceremonial), recorridos y controles territoriales, asambleas, mingas y movilizaciones. Todas acciones se adelantan en colectivo y se convierten en una oportunidad para la formación, pero, sobre todo, en un momento para hacer la denuncia de las relacionadas de subordinación y violencias que viven las mujeres con respecto a los hombres en el contexto de un modelo capitalista, neoliberal, que provoca guerras para perpetuar relaciones de opresión y violencia y mantener los mecanismos de expropiación de la propia vida, que impacta de manera desproporcionada a las mujeres indígenas.

Se trata de ejercicios de formación que pasan por la toma de conciencia, la lectura de contexto, la denuncia y el llamado a la transformación de las estructuras de poder patriarcales y capitalistas. Es sobre esto, que trata esta experiencia de educación popular entre mujeres indígenas, que no necesariamente la llaman feminista, pero que contiene todos los elementos de la lucha feminista y las convierte en activistas y defensoras de los derechos de las mujeres.

Es evidente que “antigua era más dura” y las mujeres no quieren volver a vivir como antes, retan visiones indigenistas y culturalistas, que pretenden o promueven como salvación para los pueblos indígenas, la necesidad de “volver al pasado”, vivir como antes. Llamado que se hace especialmente a las mujeres, para que vuelvan a sus roles tradicionales.  Se cuestiona el pasado, preguntándose por si antigua se vivía de acuerdo a los mandatos de La Ley de Origen y en esa perspectiva reinterpretan los principios de la cosmovisión, cuestión que antes era patrimonio exclusivo de los varones.

Articulan estos procesos de educación las categorías TERRITORIO – ESPACIO – CUERPO.  Se reconoce y asume la reivindicación del cuerpo como el primer territorio que habitamos, y lo relaciona con el ESPACIO – TERRITORIO que habitan en COMUNIDAD y con OTROS SERES, enfrentando así visiones antropocéntricas (visión del hombre al centro – dominador y dueño de la naturaleza y todos sus bienes); y a su vez recupera el cuerpo y las marcas que en él ha dejado el patriarcado y sus guerras.  Cuestiona modelos y estereotipos que imponen patrones y formas de belleza y estética para las mujeres;

Recientemente la tarea apunta a encontrar pedagogías para visibilizar los cuerpos sexuados con deseos y formas diversas de expresarse, que reta la heterosexualidad como norma y principio de la complementariedad, principio de la cosmovisión indígena que ha sido malinterpretado.

De igual manera articula el discurso de la AUTONOMIA, principio fundante de la lucha feminista con la autonomía como principio político del movimiento indígena que pasa por la posibilidad de la autodeterminación como pueblo, pero también como personas, mujeres y hombres que en libertad puedan decidir sobre sus propias vidas.

Articula y relaciona la igualdad y la equidad, como principios liberales, con los principios cosmogónicos que hablan del EQUILIBRIO, en donde se reconoce que “las mujeres son la mitad del todo” y, por tanto, la participación política de las mujeres, por ejemplo, debe ser esa mitad, la paridad: “50 – 50 porque las mujeres si cuentan”, es lo que se escucha de las mujeres que a una voz lo corean en diferentes espacios de movilización e incidencia.

Se trata de dinamizar y propiciar procesos y espacios que convoquen a la COMUNIDAD – entendida esta como la sociedad, en donde están y viven las mujeres con otros, en donde más allá, del reconocimiento de identidades diversas, masculinas y femeninas, lo que tenemos son mujeres y hombres que habitan territorios en donde se reproduce el patriarcado (quizás precolonial), colonial y neoliberal que excluye, violenta y discrimina a las mujeres por el solo hecho de ser mujeres y que se profundiza por ser indígenas.

Como acompañante de este proceso, y con permiso, de mis pares indígenas aquí presentes, me atrevo a nombrarla como una experiencia de educación popular feminista indígena que cuestione el modelo imperante de género y sus efectos en el ordenamiento socio-político, económico, cultural y religioso; cuestiona el modelo globalizador y que se promete romper la historia y modelo de la cultura hegemónico dominante capitalista, blanco, heterosexual, judeocristiano, vislumbrando otras formas posibles de ser y estar en el mundo.

Articulan las mujeres, como parte de sus procesos de formación, sus luchas como mujeres con las luchas y movimientos sociales de defensa de los territorios, el derecho a la autodeterminación del territorio, los pueblos y con ello, los cuerpos y la vida de las mujeres.

Desde la educación popular las apuestas libertarias pasan por recuperar y fortalecer la “voz propia” y el ser protagonistas de su propia historia, desde este lugar las mujeres indígenas se preguntan y cuestionan los mecanismos de representación de quienes asumen ser la voz de quienes creen no la tienen, y esto tiene que ver incluso sobre como construimos entre las nosotras las mujeres, incluso las feministas estas relaciones.  Nos invita esta experiencia a que, como mujeres feministas, activistas, defensoras, reconozcamos otras formas de hacer la militancia feminista y que por ser diferente no se es menos feminista.

Es el tiempo de reafirmar aquella demanda del reconocimiento y validación de los procesos educativos no formal que dinamizan las mujeres desde muchos lugares y que a la hora de aplicar a un empleo no cuentan en las hojas de vida por no tenerse un “un cartón o título”.

Es el tiempo para todas nosotras feministas, reconocer y aprender de los procesos de EP entre mujeres de la diversidad: indígenas, negras, room, campesinas, habitantes de sectores populares y es nuestro deber como REPEM POTENCIAR LAS VOCES Y PROYECTOS DE MUJERES QUE COMO LAS INDIGENAS SE HAN DADO A LA LUCHA DE SER LAS ACTORAS Y PROTAGONISTAS DE SUS PROPIAS VIDAS Y PROCESOS…

 

 

 

Bogotá, 3 de mayo de 2018