EL EMBRUJO Y SU RETORNO
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EL EMBRUJO Y SU RETORNO

EL EMBRUJO Y SU RETORNO

Eugenio Guerrero Codacop, Junio de 2018


“…por primera vez y después de tantas barbaries, se pudo identificar una alternativa de cambio que incluso obligó la unión de todo el espectro político tradicional, corrupto, clientelista y violento. Y esto ¿qué representa para nuestro trabajo organizativo, para la defensa del territorio, la construcción de paz y para el trabajo en derechos humanos?...”


Muchos años han pasado ya desde aquel lejano 2002 en el que llegó por primera vez a la presidencia de la República el señor Alvaro Uribe Vélez. Y llegó haciendo trizas los partidos tradicionales, prometiendo una lucha frontal contra la corrupción y la politiquería, pero apenas en el albor de su mandato se fundió en perpetuo abrazo con ese régimen que denunciaba. Lo que sigue es bien conocido. Gobernó bajo el ropaje del “Estado de opinión” que él mismo denominó como la “fase superior del Estado de Derecho” y con toda la corrupción y la politiquería que prometió acabar, reformó el “articulito” y se hizo reelegir, y con las mismas tácticas intentó una segunda reelección pero la Corte Constitucional declaró la inconstitucionalidad de la segunda reforma al “articulito”.

La historia contará que bajo sus ocho años de mandato y siendo su ministro de defensa el actual presidente Juan Manuel Santos, se cometió el más aberrante de los genocidios contra por lo menos cinco mil humildes jóvenes colombianos, quienes fueron ejecutados extrajudicialmente por la propia Fuerza Pública para ser presentados como bajas en combate, en lo que el país y el mundo conocieron como los falsos positivos. Pero también se cometió genocidio contra los campesinos, contra los sindicalistas, contra los pueblos étnicos, contra las mujeres. La institucionalidad del Estado se puso al servicio del para-estado y toda la producción legislativa que se expidió, apuntaló los intereses de los más ricos y de los sectores emergentes ligados a la gran hacienda y al narcotráfico. “Voten antes de que los metan presos”, era lo que el presidente Uribe les pedía a los congresistas que finalmente fueron condenados por parapolítica.

 

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