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ENCUENTRO DE PROCESOS Y COMUNIDADES EN RESISTENCIA

ENCUENTRO DE PROCESOS Y COMUNIDADES EN RESISTENCIA“CONFLICTOS TERRITORIALES, PARTICIPACIÓN Y DEFENSA DEL TERRITORIO”

Noviembre 1 y 2 de 2018

El objetivo en esta ocasión es ocuparnos de las temáticas relacionadas con “CONFLICTOS TERRITORIALES, PARTICIPACIÓN Y DEFENSA DEL TERRITORIO”, las que se abordarán en la dinámica de Taller y como en las anteriores ocasiones, contaremos con la experticia de todos y todas ustedes, quienes en los hechos, son quienes ejercen las resistencias y defienden la vida frente a la ocupación y destrucción de nuestros territorios. 

Y tal como lo expresaron las organizaciones y movimientos alineados con la Carta de Principios del Foro Social Mundial en su convocatoria FSM 2018 en Salvador Bahía, Brasil, “los sueños de la humanidad hoy se enfrentan con los fundamentalismos de las guerras y xenofobias y de los sistemas de dominación con sus nuevas formas de golpear libertades y democracias. La capacidad de resistir es violentamente desafiada. Por eso las organizaciones y movimientos alineados con la Carta de Principios del Foro Social Mundial nuevamente se auto convocan para reunir su diversidad de luchas y sumar fuerzas para la resistencia”.

Sin duda, vivimos tiempos difíciles, mares turbulentos y vientos huracanados que presagian transformaciones necesarias para la humanidad. De múltiples voluntades y de la acción colectiva de los pueblos, procesos y comunidades en resistencia dependerá en buena medida el sentido y orientación de estas transformaciones. Lo menos deseable sería una salida por “la derecha”, de mayor destrucción a la vida, con el incremento subsiguiente de la exclusión social.

Y es que luego de tantas jornadas aparece con claridad que la perspectiva territorial y específicamente la defensa del territorio, se halla en la piel y en el corazón de las resistencias. Sin duda, se ha resignificado el territorio, el que se entiende como un ser vivo e integral, como el espacio vital en el que se desatan y acontecen las múltiples interacciones de y entre los seres que lo ocupan y de las distintas dimensiones de la existencia. El territorio ha de considerarse como un ecosistema vital en el que el ser humano y los demás seres vivientes desarrollan su existencia en plena y necesaria interdependencia.

Seguramente las constatadas evidencias de una destrucción generalizada y definitiva de los ecosistemas y de las condiciones que posibilitan la vida, han permitido entender con claridad que la humanidad vive una profunda desarmonía consigo misma y con el planeta en el que habita, al punto de poner en riesgo su propia existencia. Pero esta crisis es sistémica y por lo mismo, las salidas también deben serlo. La crisis es del modelo, es una crisis civilizatoria, dado que no es una mera dimensión de la vida la que está en juego, es el todo y son sus partes. Es la economía, es la política, es la cultura, es el mercado, es la producción, es el consumo, es la ciencia y la tecnología, es el conocimiento, es la espiritualidad y la religiosidad, es el Estado, en fin, son todas las dimensiones de la vida, pero no sólo de la vida humana, sino de toda manifestación de ella. 

En nuestro caso, empieza el mandato de un viejo nuevo gobierno, de claro signo corporativista y creyente radical de las recetas “antisociales”. De esos que piensan que el simple crecimiento económico y la reducción tributaria en favor de las grandes corporaciones y capitales, generará el empleo y la redistribución social. Varias décadas de fracasos con estas recetas no terminan por convencerlos de su inutilidad, pues al final del día, tendremos mayor concentración de la riqueza, mayor exclusión social y un creciente déficit fiscal. Sostener que mayores ganancias para los ricos significan mayores puestos de trabajo, es una contra evidencia histórica, fáctica y científica. Eso no ha sucedido en ninguna parte. Es como creer en la bondad del capital. Sin embargo, las reformas económicas, pensionales y tributarias que se anuncian, están alineadas con esta forma de pensar y entender el mundo y la economía. 

Pero ligado a ello, es un gobierno creyente y comprometido con el extractivismo y rentista como el que más. Ya claramente ha expresado su acuerdo con la exploración y explotación de petróleos no convencionales, haciendo oídos sordos a las mismas agencias estatales como la Procuraduría y la Contraloría que han propuesto cuando menos una moratoria frente a la utilización de estas técnicas. 

Y en medio de ello, se desata el genocidio contra los líderes y lideresas sociales, defensoras y defensores de derechos humanos, dignatarios y dignatarias de organismos comunales, campesinos y pueblos étnicos. Todo el poder del Estado, con las Fuerzas Armadas más grandes y mejor entrenadas de América Latina, en medio de la implementación de un acuerdo de paz y no han podido, o más bien no han querido garantizar los derechos y sobre todo, el más elemental de los derechos: la vida. En los últimos tres años son más de cuatrocientos asesinatos y en lo corrido del presente año, más de 130 víctimas. ¿No es esto un genocidio? ¿No es acaso la dosimetría del terror hecha política de Estado? ¿No es la muerte y la amenaza convertida en un recurso de control y disciplinamiento social y además de despojo?

El momento histórico exige entonces un compromiso fuerte con la vida y una total responsabilidad intergeneracional. Es el tiempo de las rupturas, de soltar las amarras, de superar egoístas intereses y darle una oportunidad a la solidaridad, a la creatividad, a la imaginación, a la ternura, a los compromisos colectivos.

Por ahí es que va el camino. En medio de esa crisis sistémica se asoma tímida la esperanza que se expresa en el esfuerzo de personas, grupos, comunidades, organizaciones y movimientos sociales que se resisten y se levantan ante la destrucción de la vida, del agua, del ecosistema, que luchan por la justicia integral y construyen ámbitos de emancipación y de paz. 

Así las cosas, resulta de alta importancia abordar estas temáticas y analizar las potencialidades y las consecuencias reales y vinculantes que pueden generar nuestras estrategias de defensa de la vida y de los territorios, y la perspectiva que ofrece para las resistencias el viejo nuevo gobierno con el que tendremos que lidiar los próximos cuatro años. 

Por lo demás, como en las ocasiones anteriores, es hacer un esfuerzo por observar las dinámicas de nuestros propios procesos y advertir cómo se han visto afectados cada uno de los sectores sociales, grupos etarios y por género con la dinámicas del contexto y la implementación de las decisiones políticas, económicas y legislativas en contravía de toda racionalidad económica y con la destrucción del patrimonio natural, hídrico y de biodiversidad que nos pertenece a todos y todas.

En consecuencia, lo invitamos a compartir y a construir en colectivo la esperanza por un país más humano, en el que los derechos por fin se realicen. 


Un saludo de resistencia, dignidad, alegría y esperanza. 


EQUIPO CODACOP