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Derechos Humanos y Resistencia

El tema de los derechos humanos constituye la gran narrativa jurídico-política del mundo moderno y contemporáneo. Abarca casi todas las dimensiones del curso de vida de las sociedades actuales y su respeto y garantía representa hoy la única justificación para la existencia de los estados y para el ejercicio del poder político.

 De ahí que para Codacop que ha optado por el acompañamiento a procesos, organizaciones y comunidades que luchan por sus derechos y por avanzar en la construcción de un mundo sin guerras, ni explotación, ni crímenes de Estado, ni pobreza, el asunto de los derechos humanos, su exigibilidad y garantía, encarnen un ámbito fundamental de su trabajo.

Con todo, además de la universalidad, integralidad, indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos, defendemos un concepto holístico y armónico sobre los mismos, esto es, que tales principios, fines y valores, estarán siempre mediados por las múltiples miradas, cosmovisiones y culturas propias que cada proceso y comunidad alienta en sus luchas, sin llegar por ello a defender en ningún caso un plácido relativismo moral o un comunitarismo radical. Optamos más por un diálogo entre culturas en un ámbito de respeto y reconocimiento de la diversidad, que lleve a la construcción de la interculturalidad y a la secularización.

Se entiende además que el disfrute efectivo de los derechos humanos no se alcanza por el simple hecho de estar descritos normativamente, sino que se hace necesaria su exigencia a partir de comunidades y personas conscientes de su titularidad. Es decir, los derechos humanos son también un escenario público-político, sobre todo en sociedades y estados como el nuestro, que históricamente ostenta alarmantes índices de su violación y desconocimiento.

Por lo anterior, Codacop hace de la resistencia un complemento obligado para los derechos humanos, entendida como una acción colectiva –excepcionalmente es individual- organizada y en principio no armada, mediante la cual los pueblos y comunidades denuncian la violación de sus derechos, luchan por la realización integral de los mismos o rechazan la intromisión indebida de un poder, fuerza o Estado en el desarrollo de sus procesos vitales. Así, la resistencia ha de entenderse en una mediación política con el ejercicio del poder y en un proceso dinámico de construcción de contra hegemonías.

La resistencia no es un estado ideal al cual debamos llegar, es un instrumento en manos de las comunidades que luchan por sus derechos, pero también es un derecho consagrado en el instrumento internacional más importante que se ha elaborado y decretado hasta el momento: La Declaración Universal de los Derechos Humanos. En efecto, en el párrafo tercero del preámbulo de tal declaración puede leerse textualmente: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

La resistencia es entonces un derecho síntesis que se ejerce directamente por las comunidades y pueblos, cuando el Estado incumple sus obligaciones relacionadas con la garantía y realización efectiva de los derechos. Por lo mismo, la resistencia es ante todo una apuesta política de transformación y cambio, que se ejerce en los hechos y casi nunca en las normas, pues por el contrario, ha de ser creadora y generadora de nuevos y mejores derechos.

En consecuencia, aunque es muy importante, no basta con que los derechos estén contenidos en normas internas y tratados internacionales para que alcancen su efectividad concreta. Falta que las personas, comunidades y procesos luchen por ellos y se resistan contra la injusticia, la violencia y la exclusión. De ahí que CODACOP haga de los derechos un escenario de lucha política, de construcción de contra hegemonías y de consolidación de la dignidad y las libertades de los pueblos y las personas, en un ambiente de respeto por el entorno ecológico y de reconocimiento de la diversidad étnica, cultural, de género y generacional.