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Espacio de Articulación de Procesos y Comunidades en Resistencia

El Espacio de Articulación de Procesos y Comunidades en Resistencia, surgió a finales de la década de los noventa como un intento por articular las distintas expresiones, estrategias, procesos y comunidades que de distintas maneras y en diferentes regiones del país se declaraban en resistencia frente a las violaciones sistemáticas de sus derechos, ante las agresiones derivadas del conflicto armado y por la aplicación del modelo económico que los condenaba a la pobreza, la exclusión y el abandono.

Así las cosas, desde CODACOP como facilitador se emprendió la tarea de convocar a distintos encuentros con el objeto auscultar las razones que impulsan la resistencia, a esclarecer conceptualmente lo que ella significa y acordar acciones colectivas y coordinadas entre los participantes del espacio.

El espacio se ha fortalecido y convoca a muchas personas, procesos y comunidades que hacen de la resistencia un método de lucha por la realización de los derechos, al tiempo que comparten sus experiencias y garantizan un fortalecimiento mutuo con la construcción de experiencias y conocimiento colectivo.

Este es un espacio en el que varios procesos, comunidades, organizaciones y personas provenientes de distintas regiones del país, se dan cita para indagar por las razones que impulsaban su resistencia frente a la violencia, la injusticia y la violación sistemática de los derechos humanos. Se intentó inicialmente resolver aspectos básicos que permitieran ubicar exactamente el lugar y los motivos de la resistencia, tales como por qué se resiste; contra qué y contra quién; cómo es tal resistencia y qué representan o quiénes son las comunidades y los procesos que resisten.

En esas búsquedas han convergido una gran variedad de procesos, concepciones, miradas y acciones encaminadas a la transformación de las causas que generan las actuales condiciones de violencia, exclusión, injusticia y violación generalizada de los derechos humanos integrales. Se observa claramente la inaplazable tarea de mejorar los niveles organizativos y de politizar no sólo los espacios de encuentro sino las experiencias mismas al interior de sus propias dinámicas y mandatos. Pero también surge la pregunta por la economía, pues, qué sentido tiene oponerse a ciertas decisiones del poder, si en lo fundamental, en la infraestructura, se alienta la consolidación del modelo neoliberal, de la economía de mercado y su globalización.

En todo ello, el territorio juega papel fundamental para los procesos de resistencia, pues sin él, prácticamente la resistencia sería imposible. Por lo mismo, su defensa y conservación tienen que alentar los procesos organizativos, máxime si en él se hallan los recursos mineros, energéticos, hídricos, de biodiversidad y biomasa, todos ellos estratégicos para el inmediato futuro de la humanidad y sus posibilidades de pervivencia, además de representar la riqueza de los pueblos. Así las cosas, el control integral por parte de los procesos organizativos, representa el límite entre el éxito o el fracaso de las comunidades y su resistencia.

Con todo, siempre ha estado presente la preocupación por no perder la perspectiva de largo aliento, del horizonte hacia el que se dirigen los esfuerzos, de la ética y la política que impulsa nuestras acciones. Tal horizonte podría presentarse como la realización efectiva de los derechos humanos integrales, leídos en la partitura de los derechos de los pueblos con sus características de universalidad, indivisibilidad, integralidad e interdependencia, mínimos sobre los que es posible construir un proyecto de Estado y de sociedad que realice a plenitud la dignidad humana.

Conviene entonces tener claro, que los procesos y comunidades en resistencia no han de prepararse para seguir eternamente en la resistencia, pues ésta es apenas un instrumento en manos de las comunidades que luchan por sus derechos, que no es ni mucho menos un estado ideal, que es una transición a medio camino entre la toma de conciencia de las comunidades y los pueblos, y el Estado y la sociedad que se aspira a construir con tales luchas. Por ello, ni con mucho esfuerzo puede hacerse de la resistencia un mero concepto científico a prueba de subjetividad, pues es ante todo, un método de lucha, una forma de exigencia de los derechos y una vía por la que se avanza hacia la plena autonomía en clave de soberanía, con miras a ser gobierno y a ejercer el autogobierno.

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