“Esa no era la vida que yo quería”
Yohana Conda Fernández, mujer indígena nasa del municipio y resguardo de Jambaló, mamá de tres varones, es hoy, a sus 36 años, la coordinadora del Tejido Mujer de la Cxhab Wala Kiwe.
Este texto es solo una pequeñísima parte del relato que con tanta generosidad nos contó y es un reconocimiento, no solo a su camino político, sino a su fortaleza para cambiar la historia, empezando por la suya.
Yohana creció en el departamento del Cauca, una región del suroccidente colombiano que históricamente ha sido atravesada por una persistente ola de violencia. Su madre, que tenía que alimentar a diez hijos, tenía varios trabajos y uno de ellos era vender empanadas y papas en un puesto que sus hijos atendían cuando ella no podía hacerlo. Así las cosas, cuando la -en ese entonces- pequeña Yohana atendía el negocio de su madre, comenzó a ser observada y asediada por el comandante de uno de los grupos armados que visitaban la zona.
Yo tenía más o menos como 11 o 12 años, y este personaje se obsesionó conmigo. Eso fue un tiempo demasiado fuerte porque ni siquiera en el colegio me dejaba tranquila. Con la milicia de ahí mismo de la vereda me mandaba notas a través de cajetillas de cigarrillos.
Pero el acontecimiento que marcaría la vida de Yohana sucedió un día cuando, de regreso del colegio a la casa, fueron detenidos ella y sus compañeros.
Este personaje tenía su campamento justo en el camino y ese día nos paró a todo el grupo y les dijo: “bueno, a partir de este momento continúen ustedes el camino, ella ya se queda aquí” y bueno, ese día para mí fue fatal porque yo dije: “ya, aquí o perdí mi vida o se acabó ya la libertad”, porque para mí los grupos armados eran malos.
Los compañeros que iban con ella alertaron a la comunidad y Yohana fue rescatada en la noche y trasladada en poco tiempo a Popayán bajo la protección de su hermano Milcíades Trochez.
Ahí empezó mi vida a irme llevando de ciudad en ciudad, porque en todos lados me encontraba. Mi hermano me llevaba al colegio, y rápidamente tenía que salir del colegio e ir a la casa y nunca pude sentarme en un andén, o decir: “me van a venir a visitar mis amigas o amigos, o voy a salir a un parque a comer un helado”.
Yohana regresó a su territorio en la época en la que se firmaron los acuerdos de paz. Algunos de los personajes a los que temía Yohana habían muerto en combate y eso hizo que tuviera un poco más de tranquilidad para retornar a Jambaló. En ese retorno conoció al papá de su primer hijo. Cuando su bebé tenía quince días de nacido, su hermano, que también había vuelto al territorio y se desempeñaba en ese momento como coordinador de la guardia, fue asesinado.
Fue un momento bastante difícil, porque mi papá también había sido asesinado por estos mismos grupos armados y ahora lo asesinaban a él. Recordaba siempre que una de mis hermanas en algún momento quiso vengar la muerte de mi papá y ella se fue para un grupo armado y en ese grupo armado abusaron de ella sexualmente […] y claro, esa no era la vida que yo quería.
Al verse en esta situación, Yoana decide que la mejor forma de hacerle frente al dolor que sentía era continuar con el legado de su hermano y dedicarse a trabajar por su comunidad. Así empieza el camino político de Yohana Conda. Primero, liderando un grupo de 80 familias beneficiarias de lo que en su momento fue “familias en acción”, representadas en su mayoría por mujeres.
Este primer cargo es muy importante en la historia de Yohana porque es allí en donde se da cuenta de que trabajar con mujeres le da la posibilidad de escucharlas, de sostenerlas y, de cierta manera, de darle herramientas para que sean conscientes de cuándo son víctimas de violencia. En el año 2014 entra a la UAIIN, en donde logra cursar tres módulos de Administración y Gestión. Luego, en el 2017 es nombrada coordinadora del programa Mujer del Plan de Vida Proyecto Global y en el 2021 es elegida concejala de Jambaló. Una vez termina su periodo en el concejo es elegida por la Asamblea como coordinadora Zonal del Tejido Mujer de la Çxhab Wala Kiwe.
“El tema de la defensa de los derechos de las mujeres como que me busca”
«De pronto no lo mencioné de manera más precisa, pero yo sí viví la violencia sexual, no solamente por grupos armados, sino también por personas muy cercanas a la familia. Entonces eso hace que yo no tenga la capacidad de ser como reacia ante alguna situación que yo vea o que haya vivido alguna compañera que acuda a mí o al equipo. A mi papá lo asesinaron cuando yo tenía cuatro años, pero hay escenas que yo tengo tan presentes y justo son las escenas en las que le pegaba a ella, en las que tiraba a mi mamá debajo de la hornilla del fogón y ya no podía pararse. O sea, el tema de la defensa de los derechos de las mujeres como que me busca. A veces digo: “yo no lo estoy buscando, pero eso me busca”.
Al preguntarle sobre su actual cargo, Yoana habla sobre los obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a la justicia. Ella afirma que, pese a que el equipo del Tejido Mujer y las coordinaciones locales han venido haciendo un trabajo excelente en territorio en cuanto a la prevención de violencias y a que las mujeres conozcan la ruta de atención, cuando se trata del acceso a justicia los procesos suelen estancarse. Esto, para el tejido y para su coordinadora, significa un gran problema porque las mujeres que denuncian pierden la confianza y esto también puede desencadenar en que menos mujeres lo hagan.
Por supuesto, el camino emprendido por ella la ha puesto en el ojo del huracán. Como ella dice: sabemos que si yo estoy luchando contra la vulneración de un derecho, pues es porque hay una persona que lo está vulnerando y por supuesto a esa persona no le va a gustar para nada lo que yo estoy haciendo. Eso no la frena. Al contrario, la impulsa. Pero además la ha instado a pensar una estrategia que es la colectivización de la agenda.
Como realmente la molestia, la preocupación y el dolor es de muchas, entonces hemos estado como en ese trabajo en los últimos meses con algunas lideresas, para que, al momento en que vayamos a hablar con autoridades, no lo haga solo yo, sino que lo hagamos en colectivo. ¿A quién es la que le está molestando eso? A todas nos está molestando. ¿Qué quiere la que está peleando por esto? Todas estamos peleando por eso […] Yo sé que hacer esto no es nada fácil, porque también es no poder estar mucho tiempo con mi familia, con mis hijos, con mi mamá, pero saber que hay compañeras que han salido de ese círculo que tanto daño les ha hecho y que quizá hayamos prevenido que pierdan hasta sus vidas, para mí eso es lo que me vuelve a dar la fuerza para continuar.
El camino que yo escogí, es un camino que la misma comunidad me va delegando
Sobre el futuro, Yohana tiene proyecciones en dos sentidos. El personal y el comunitario. A nivel personal, dice: sí he querido terminar la universidad porque a mí me gusta todo el tema social, entonces, ojalá, digo yo, se me diera la posibilidad de estudiar trabajo social”. A nivel comunitario, su sueño es mayor participación de mujeres, “pero no solamente de mujeres, sino mujeres que realmente tengan esa empatía frente a las desarmonías que hay en territorio». Yohana sueña con una armonía en su territorio donde cualquier tipo de violencia contra las mujeres y las niñas desaparezca, donde ya no se lleven a los jovenes a la guerra y donde la mujeres tengan mayor participación en los espacios de liderazgo y participación política, y que esas mujeres tengan mucha empatía por quienes han sido violentadas.
Yo me daría por bien servida si logramos que más mujeres lleguen a ser autoridades, que más mujeres lleguen a los equipos jurídicos, que tengamos mujeres coordinadoras locales […] porque eso contribuiría también a lo que tanto me está preocupando y a lo que también me está poniendo en riesgo, que ha puesto en riesgo a otras y que ha hecho que algunas mujeres pierdan la vida y es el tema del tema de acceso a justicia. […] Soy consciente de que soy la piedra en el zapato de muchas personas, también en mi territorio. Muchas noches, mientras voy del trabajo a la casa, lloro en el camino porque sé que mi familia también sabe que es un riesgo y digo: “a veces pienso demasiado en los demás y me olvido de mí”. […] Una de las preguntas que siempre surge es: “bueno y usted entrega la coordinación y ¿de aquí para allá qué?”. Yo no sé darle respuesta a eso, porque el camino que yo escogí es un camino que la misma comunidad me va delegando y no se que irá a ser de mi vida… ¿Hasta cuándo? No sé. Hasta que se apague el sol.