La IA y sus impactos sobre la vida, el planeta y los procesos y comunidades en resistencia

Palmera sobre un poste de telecomunicaciones en un contexto de
febrero 25, 2026

Por Eugenio Guerrero, Codacop

Antes de ofrecer las razones por las que se justifica el abordaje de esta temática desde los movimientos sociales y procesos y comunidades en resistencia, es pertinente compartir una sencilla aproximación sobre la IA. 

La IA se define a sí misma de la siguiente manera: “La IA, o Inteligencia Artificial, es el campo de la informática que crea sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como percibir, razonar, aprender y resolver problemas. Se basa en el análisis de grandes cantidades de datos mediante algoritmos y modelos matemáticos, lo que permite a las máquinas aprender y mejorar con el tiempo. Ejemplos comunes incluyen asistentes virtuales, motores de búsqueda y sistemas de traducción, que automatizan procesos y ofrecen recomendaciones”1.

Por su parte, Wikipedia dice que: “La inteligencia artificial (abreviado: IA), en el contexto de las ciencias de la computación, es una disciplina  y un conjunto de capacidades cognoscitivas e intelectuales expresadas por sistemas informáticos o combinaciones de algoritmos cuyo propósito es la creación de máquinas que imiten la inteligencia humana. Estas tecnologías permiten que las máquinas aprendan de la experiencia, se adapten a nuevas entradas y realicen tareas humanas como el reconocimiento de voz, la toma de decisiones, la traducción de idiomas o la visión por computadora”2.

Así que el tema de la IA es que procesa inmensas cantidades de información que ha producido la humanidad a través de la historia. Es la gestión del conocimiento humano acumulado, proceso que la IA realiza a través de “algoritmos”, que no es otra cosa que “una secuencia acotada de pasos y reglas previamente establecidos mediante los cuales se procesan datos de entrada para producir una salida deseada”3. No confundir con logaritmo, que es una operación matemática que determina un exponente. Un logaritmo es un concepto matemático específico, mientras que un algoritmo es un procedimiento que puede aplicarse a tareas cotidianas. 

De modo que la IA podría constituir un inmenso “robo” de todo el conocimiento que ha producido la humanidad, pues los dueños de la IA se lo apropian impunemente, frente a lo que ya se alzan voces para denunciarlo. Por ejemplo, el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky sostiene que “La mente humana no es, como ChatGPT y sus semejantes, una máquina estadística y glotona de cientos de terabytes de datos en pos de obtener la respuesta más plausible a una conversación o la más probable a una pregunta científica. La mente humana es un sistema sorprendentemente eficiente y elegante que opera con una cantidad limitada de información. No trata de lesionar correlaciones a partir de datos, sino que intenta crear explicaciones. [… ] Dejemos de llamarla entonces Inteligencia Artificial y llamémosla por lo que es y hace: Un software de plagio, que no crea nada, sino que copia obras existentes, de artistas existentes, alterándolas lo suficiente como para escapar de las leyes de derechos de autor. Se trata del mayor robo de propiedad intelectual que se registre desde que los colonos europeos llegaron a tierras nativas americanas».

Del mismo modo, el profesor Dan Mc Quillan4, sostiene que: “No se puede concebir una transición justa sin cuestionar el engranaje de la inteligencia artificial que está agravando la crisis social y medioambiental”5. Y agrega que lo que este “solucionismo de pacotilla consigue realmente es una transferencia neta de control y activos. La verdadera IA no augura un futuro de ciencia ficción, sino la precarización del empleo, la privatización constante de absolutamente todo y el borrado de las relaciones sociales existentes”6.

De acuerdo con lo anterior, lo que se observa es que emergen con vigor, aupadas por la IA, las motivaciones que antes parecían escondidas, entre la política y el ánimo de lucro y acumulación capitalista. Ya vemos cómo los magnates de las tecnologías se toman el poder mundial y los presupuestos públicos, en el esplendor de las plutocracias orbitales y la manipulación intencionada de la voluntad colectiva en favor de sus propios intereses. La mentira programada funge como verdad y se pone en duda hasta la propia facticidad7 de los hechos de la realidad, lo que algunos teóricos caracterizan como el paso de la biopolítica (control desde fuera) a la psicopolítica (control desde dentro – plácida autoesclavización con sensación de libertad) (Chul Han). 

De modo que la tecnología, y especialmente la IA, está cambiando profundamente la sociedad y las relaciones sociales. Está transformando la subjetividad humana y todos los valores y derechos que configuran el arquetipo de la persona como sujeto de derechos. La IA tendrá un gran influjo sobre la deliberación pública, la democracia y por supuesto sobre el acceso al poder político y su ejercicio. Ya vemos cómo Donald Trump, como representante de la plutocracia mundial, especialmente de los magnates de la tecnología de la des-información, utiliza descaradamente estos medios para desinformar, mientras que acumulan dinero, poder y consolidan una posición dominante a través del control efectivo de las sociedades. 

La relevancia de esto es que la verdad y la información, sobre todo la información de calidad como bien público, pierde la batalla, impactando de forma importante la toma de decisiones tanto personales como políticas. Por ello la desinformación atenta contra la democracia y contra los derechos, pues los ciudadanos terminan tomando decisiones políticas básicamente contra sus propios derechos. Aquí el tema es cómo pensarnos una manera de defendernos de la desinformación y de la manipulación. Cómo hacer un uso razonable de las redes y plataformas e incluso cuándo abandonarlas y migrar hacia plataformas que tengan políticas claras sobre verificación y compromiso contra la desinformación, la explotación y la discriminación. 

Hay una gran tarea pedagógica por acometer, relacionada con la generación de conciencia sobre la existencia de este hecho de que la desinformación existe y cómo actuar de forma coordinada para hacerle frente, para hacerle resistencia. Debemos ser conscientes de que se abre una nueva era de tiempos vertiginosos que no terminamos de comprender y que nos deja expuestos ante el influjo de las dictaduras digitales donde la lucha política y la batalla cultural se libran en nuestra mente y en nuestros sentimientos. En nombre de la libertad de expresión, nos esclavizan y convierten en “combatientes” anónimos de la cruzada contra nuestros propios derechos en defensa de un modo de existir que ya ha demostrado ser incompatible con la preservación de la vida y de la madre tierra. 

Y a lo anterior se suma que las derechas en el mundo ganan terreno de manera vertiginosa, su auge, el crecimiento de los fundamentalismos, y la incidencia que ello tiene sobre los derechos, la democracia, la construcción de paz y las resistencias, hay que darla por descontada. En muchos países, los derechos y la democracia retroceden proporcionalmente al auge de acciones, discursos y decisiones políticas que consolidan proyectos que ponen en riesgo precisamente los valores fundantes del proyecto civilizatorio de occidente. 

Estas propuestas de ultraderecha promueven retrocesos en derechos fundamentales, impactando de forma directa a la población LGBTQ+ y a las políticas de igualdad de género y derechos sexuales y reproductivos; devalúan la lucha por los DESC, son negacionistas de la crisis climática e impulsan la xenofobia y el racismo; frente a la migración simplemente ofrecen represión porque los migrantes son percibidos como un problema, no como seres humanos titulares de derechos; imponen una agenda política autoritaria en donde las libertades son claramente restringidas; y, en materia económica, han hecho del neoliberalismo su fundamentalismo, pues creen que el Estado no debe intervenir el mercado, dado que si lo hace, distorsionaría su automatismo y la acumulación de riqueza. El Estado es solo para que propicie y garantice las condiciones en las que se desenvuelva la libertad de mercado y de explotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza, como valor supremo de la formación económico social capitalista. 

Para estas propuestas de ultraderecha que avanzan en Europa, Estados Unidos y en algunos países de América Latina, no hay pueblos ni comunidades, sino ciudadanos de “bien” y por ello han corrido las fronteras del diálogo político y lo que expresan discursivamente es un acumulado de odio que rompe las redes comunitarias para facilitar la represión. Van construyendo una sociedad de castas regentadas por los sectores más exitosos en la acumulación. Los demás, simplemente son invisibles, no existen, no se ven. 

De lo anterior se constata que estamos perdiendo la lucha por la igualdad, derrota en la que las redes sociales han ofrecido las mejores ventajas y estrategias con sus militancias digitales. Estas derechas han sabido enmascarar sus intereses, porque se presenta al Estado, la política y sobre todo a los políticos e ideologías de izquierda como el mal mayor, mientras esconden el verdadero problema que no es otro que el modelo económico de acumulación rabiosa. Por ello, la élite económica del mundo básicamente es venerada, pasan indemnes, mientras que se desmonta el Estado y las políticas sociales, pues no se busca que funcione, sino que se acabe. Entonces, podríamos ser las generaciones que veamos morir la democracia para dar paso a autocracias ciber-electorales que convertirán en pálidos recuerdos la separación de poderes, las elecciones libres y justas, el pluralismo político e informativo y el respeto por los derechos humanos y los de las minorías. 

Así que, sin querer, hacemos parte de la guerra cultural en condiciones de manifiesta desventaja frente al embate tecnológico. La batalla se libra en nuestros cerebros y se lucha por imponer narrativas y relatos en una disputa de discursos que reinterpretan lo político y los derechos para convertirlos en lo que no son. La derecha ha hurtado partes importantes del diccionario que antes eran de la izquierda y de la agenda democrática, como la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos.

A esto se suma la crisis climática que estas derechas niegan, no obstante que el año 2024 fue el más caliente de la historia, superado luego por el 2025, y cada mes que pasa es más caliente que el inmediatamente anterior. Rebasamos con creces los 1.5 grados de incremento de la temperatura que era el límite que se había impuesto la humanidad para el 2030, al tiempo que ya hemos cumplido los nueve límites8 que marcaban el no retorno de esta amenaza planetaria. De modo que la defensa de los derechos hoy más que nunca hay que hacerla a la par con la defensa del planeta. Viajamos por el espacio en una nave que se incendia y los capitanes en medio de su beodez indican apagar el fuego con combustible y lo paradójico es que se les hace caso. Con Trump, los acuerdos internacionales para la reducción de emisiones de GEI experimentan un gran retroceso, lo que imprime velocidad agregada al reloj contra la vida. 

El reconocimiento de Trump como un hombre práctico y de negocios, cuyos principios son sus intereses, coincide plenamente con los más oscuros deseos del gobierno de Israel de acabar con el pueblo Palestino, contra el que se ejerce un genocidio a la luz del día trasmitido en directo al mundo. Este genocidio ya cuenta cerca de setenta mil víctimas, aunque hay voces que indican que ese número puede ser de 600 mil, la mayoría de ellas mujeres y niños, contra quienes, además, se utiliza el hambre como arma de guerra. La humanidad no será la misma después del genocidio contra los palestinos y la pretendida superioridad moral de occidente ha implosionado. 

Israel hizo del genocidio y de la violación rabiosa de los derechos humanos y de la eliminación – cancelación de un pueblo, una ideología, que encuentra seguidores por doquier y que se prueba como eficiente para ser aplicada a otros pueblos, sobre todo si son una expresión disidente frente al despojo y a la imposición de esa visión hegemónica. También puede haberse demostrado que dejar morir pueblos y culturas enteras constituye una salida a la crisis climática. No ayudar ni permitir que se ayude también es matar y con ello además se mata la solidaridad y ese tánatos puede ser la medida del éxito plutocrático mundial. En esto asistimos a una macabra paradoja de la historia, pues el gobierno de un pueblo que fuera víctima de un holocausto, ahora comete un genocidio y mata de hambre al pueblo palestino y de esta manera el primer ministro Benjamín Netanyahu se pone en el mismo lugar que reserva la historia para los villanos tanto como Hitler. Ya el informe de la delegada especial de la ONU para el caso Palestino mostró cómo el genocidio también es un negocio y qué empresas son las beneficiarias, muchas de ellas desarrolladoras de la IA, además de los anuncios del gobierno de Israel de despojar a los Palestinos de su territorio, para iniciar con Trump un gran proyecto turístico e inmobiliario encima de miles de cadáveres. 

La IA ha puesto lo suyo en la comisión de este genocidio, pues si en algo se viene usando de forma intensiva es en la producción bélica. Porque, aunque la IA pareciera mirar solo al futuro, lo cierto es que se ancla en las injusticias pasadas y presentes, y sus desarrollos profundizan el extractivismo, tal como lo advierte el profesor Dan Mc Quillan cuando afirma que: “El poder de la IA está tan concentrado, entre otras cosas, porque depende de cantidades ingentes de datos y cálculos. La elaboración sistemática de modelos que generen resultados plausibles exige la configuración de un elevado número de parámetros (ChatGPT tiene 175 000 millones) y una potencia de cálculo del orden de 10^26 (¡Eso es un 10 seguido de 26 ceros!). El volumen correspondiente de datos de entrenamiento requeridos explica la ambición de las empresas por engullir la totalidad de Internet y cualquier otra base de datos sobre la faz de la Tierra. Estos cálculos no suponen una actividad abstracta, sino que se ejecutan entre hileras e hileras de servidores ubicados en macrocentros de datos. Todas las fantasías altisonantes sobre las capacidades de la IA se basan en la necesidad material e innegociable de disponer de megavatios de energía para hacer funcionar los servidores, millones de litros de agua para refrigerarlos y los recursos minerales que se precisan para fabricar los propios chips. No es casualidad que la capitalización bursátil de Nvidia, el principal fabricante de procesadores de IA, haya superado recientemente a la de Amazon y Tesla juntas. Al otro lado de la pantalla, las potencias que impulsan la IA no vienen del futuro, sino que son viejos conocidos: el extractivismo, el saqueo de materias primas del Sur Global y una relación tan íntima como incómoda con la industria de los combustibles fósiles. Cuando las grandes empresas tecnológicas afirman ser ecológicas, se refieren al uso de energías renovables reales y no a compensaciones de carbono de dudosa fiabilidad, ya que están apartando a las comunidades de las fuentes de energía renovable disponibles. No les basta con hacerse con gran parte de la red eléctrica; se está empezando a hablar de reactores nucleares y de fusión nuclear. Mientras tanto, los mermados recursos hídricos se siguen agotando y la creciente demanda de chips depende de los minerales procedentes de zonas en conflicto de la República Democrática del Congo”9.

Así las cosas, la IA reproduce la lógica del imperio en cuanto expansionista y acaparador, ante lo que se deberían contraponer los valores sociales y medioambientales para poner fin a la explotación de las personas y del planeta, para lo que según Mc Quillan existen varias formas de conseguirlo, desde la producción localizada hasta una ética de cuidados sociales y ecológicos, y todas ellas concuerdan con las estructuras de democracia directa en el lugar de trabajo y en la comunidad. Este tipo de reestructuración también es decolonial en el sentido de que deslegitima la expansión y el extractivismo actuales y reconoce la necesidad de sustituir las divisiones raciales por la solidaridad internacional.

Y Mc Quillan finalmente propone enfrentar la IA, pues, aunque “parece la quintaesencia de la modernidad y la culminación de las fantasías de la ciencia ficción, puede ser en realidad una de las señales del fin del neoliberalismo. Su necesidad exponencial de crecer es tal que, por ejemplo, la IA generativa ya está empezando a consumirse a sí misma, una metáfora escalofriante del industrialismo global en toda su amplitud. Tenemos capacidad de sobra para imaginar formas de tecnología que sustenten unos estilos de vida más agradables y adaptables, basados en el entendimiento indígena de nuestra inseparabilidad e interdependencia con todos los demás elementos de nuestro entorno vital planetario. Las comunidades indígenas también se enfrentan al resurgimiento del colonialismo a través de los centros de datos y el extractivismo. La resistencia a la IA es un punto de convergencia para los movimientos decoloniales, feministas, obreros y climáticos, y una reafirmación de que aún tenemos muchos mundos que ganar”10.

En consecuencia, las respuestas a la pregunta que suscita esta reflexión son múltiples, como múltiples son las incidencias de la IA, pues no solo es en el ámbito personal, social o profesional, sino que tiene que ver con la democracia, los derechos, el Estado y los movimientos sociales. En fin, es una tecnología que representa la Matrix y que promete engullirlo todo, controlarlo todo, dominarlo todo y transformarlo todo. Y por ello mismo, es necesario saber qué es, cómo abordarla y cómo enfrentar sus consecuencias. Y es previsible que la IA tenga una incidencia más intensa en los siguientes ámbitos: 1. El trabajo (pérdida de puestos laborales); 2. Manejo de pobres y no la superación de la pobreza (renta básica precarizada); 3. Mayor dependencia de la humanidad frente a la IA; 4. Promesas de utopías (mundo feliz) o distopías (humanidad dominada por la IA); 5. Transición a la singularidad e integración humano-máquina (distorsión de la realidad y de las relaciones humanas dominadas por mundos virtuales sin contacto humano directo); 6. Gobiernos basados y controlados por IA que lleven el ideal tecnocrático al punto de que las máquinas tomen las decisiones que corresponderían a los seres humanos (cambios en el sistema democrático que lleve a un gobierno mundial con IA como ideal tecnocrático, hegemónico y oligárquico, jerarquizado y dominado por la tecnología en beneficio de los dueños de los sistemas); 7. Profundización de las desigualdades sociales (difusión de la idea de que existe igualdad dentro del sistema, pero en la vida real la desigualdad se profundizará porque la humanidad tributará para los dueños de la tecnología que ya no son los estados sino un grupo muy reducido de personas que conforman la tecno/plutocracia mundial (Open AI creadora de Chat GPT, tiene como accionista a Microsoft, esta última dirigida por su dueño Bill Gates, y también con participación y administración de Sam Altman. Del mismo modo, Elon Musk se encuentra dentro de sus fundadores. Google y Deepmind que han creado la IA Gemini, que entra en competencia con Chat GPT. Mark Zuckerberg creador y dueño de Facebook y WhatsApp, también ha impulsado el desarrollo de lo que se conoce como Meta IA. Elon Musk, su empresa xAI, y su sistema Grok E.); 8. División de la población entre quienes se integren y quienes se marginen y resistan la IA y la matrix; riesgos de rebelión de la IA contra la humanidad (cambios geopolíticos, la IA de diferentes países puede no distinguir divisiones geopolíticas humanas); 9. Riesgos de control del arsenal bélico por la IA (control absoluto sobre la totalidad de los sistemas militares, incluyendo el arsenal nuclear, lo cual representa un gran riesgo para la humanidad y el planeta); 10. Mayor consumo energético, de minerales para su producción y agua para su refrigeración; y, 11. Transición y cambios demográficos (a mediano plazo, hacia finales y comienzos del próximo siglo se proyecta una disminución sustancial de la población humana, envejecimiento y sustitución de los humanos por robots que responden a la IA). 

Conviene insistir en que la humanidad ya ha experimentado otros cambios técnicos y tecnológicos; de hecho, el modelo capitalista se ha caracterizado precisamente por la trasformación permanente de los medios de producción en pos de incrementar los niveles de acumulación. Sin embargo, y aunque la propia IA no es nueva, hay en el último tiempo una notable aceleración en su desarrollo, tanto que ya se cree que es una inteligencia superior a la del ser humano y ello lleva a preguntarse por las posibilidades reales que se tienen respecto al control sobre sus fines y sobre cuánta autonomía alcanzarán estas máquinas. Lo que sí es cierto, es que presidirán un nuevo ciclo en la economía. 

Los cambios técnicos y tecnológicos anteriores siempre fungían como herramientas controladas totalmente por personas, pero la IA no parece ser una simple herramienta sino una tecnología para la sustitución del ser humano y sobre ello radica la necesaria reflexión desde el campo de la ética. Qué pasará con la libertad e intimidad de las personas, sobre su capacidad de pensar, su autonomía y procesos cognitivos. En fin, qué incidencia podrá tener sobre los derechos humanos, la democracia y el medio ambiente (porque lo técnico también es político). Y todavía no sabemos los usos que podrá tener, pues si se entiende y usa como herramienta, podría ser útil y ello nos convoca a reflexionar en sus formas de acceso, pero si es para la sustitución, la humanidad transitará por tiempos realmente tormentosos.

Finalmente, no hay que perder de vista que la IA en realidad, como lo afirma Chomsky, no es una “inteligencia”, sino que realiza procesos cognitivos a través del procesamiento y análisis de inmensas cantidades de información más rápido que el cerebro humano. Pero dichas máquinas son tan buenas como su base de conocimiento y esa base la proporciona la humanidad. De ahí que la IA reproduzca todos los sesgos racistas, machistas, colonialistas, guerreristas, militaristas y capitalistas que existen en la sociedad de hoy. Para que la IA no los reproduzca, su base de conocimiento debe estar liberada de los mismos.

Hay entonces suficientes razones que justifican el abordaje de esta temática. Y ahí viene entonces, para concluir, la pregunta obligada: ¿Será posible una IA que sirva como herramienta para los procesos de resistencia, liberación y realización de los derechos y la dignidad de las personas y de los pueblos?

  1. Buscador Google, AI Overview. ↩︎
  2. Buscador Wikipedia ↩︎
  3. https://blog.infranetworking.com/algoritmo-vs-logaritmo-que-diferencias-tienen/ ↩︎
  4. Profesor de computación creativa y social y doctor en física experimental de partículas por el Imperial College de Londres. Ha trabajado como asistente social con personas con dificultades de aprendizaje y problemas de salud mental, ha creado páginas web con solicitantes de asilo, ha dirigido campamentos de tecnología social en Kirguistán y Sarajevo, y ha colaborado con Amnistía Internacional y el NHS. Su obra más reciente es Resisting AI: An Anti-fascist Approach to Artificial Intelligence [Resistencia a la IA: Un enfoque antifascista ante la inteligencia artificial]. ↩︎
  5. https://www.elsaltodiario.com/guerrilla-translation/resistencia-ia-pos-una-transicion-justa# ↩︎
  6. Ibid. ↩︎
  7. La facticidad es la condición de existencia de un hecho que no puede ser modificado ni controlado por el ser humano, refiriéndose a las condiciones contextuales, históricas y concretas de nuestra existencia, como nuestro nacimiento, el entorno social y las limitaciones inherentes a nuestra libertad. ↩︎
  8. Guerrero, E. “Memorias encuentro de procesos y comunidades en resistencia, 2024”. El negacionismo frente a la crisis climática: Para estas derechas la “tal crisis ambiental y climática no existe”, eso es un cuento de intelectuales de izquierda y de personas “desocupadas” enemigas del progreso y que no quieren el avance de la humanidad. Contra toda evidencia, descreen de las certezas científicas que muestran cómo la humanidad ha rebasado los límites planetarios debido a las prácticas y hábitos tanto humanos como comerciales y de producción. Se sabe que son nueve esos límites planetarios, que son nueve procesos determinantes para la estabilidad del planeta., los que fungen como “… un marco conceptual que evalúa el estado de diferentes procesos que son fundamentales para la estabilidad del sistema Tierra, que dan origen y permiten la vida en este planeta. Rebasar ciertos umbrales dentro de estos procesos significa poner en riesgo la habitabilidad del planeta”. 
    Estos nueve límites son: (i) el cambio climático; (ii) la integridad de la biosfera (pérdida de biodiversidad y extinción de especies); (iii) el cambio de los usos de suelo; (iv) flujos bioquímicos (sobre todo los ciclos del fósforo y el nitrógeno); (v) reducción del ozono estratosférico (destrucción de la capa de ozono); (vi) el uso del agua (se agota y contamina); (vii) la acidificación de los océanos; (viii) carga de aerosoles atmosféricos (contaminación atmosférica con partículas microscópicas generadas sobre todo por la quema de combustibles fósiles e incendios forestales); y, (ix) incorporación de nuevas entidades (se trata de elementos u organismos modificados por los humanos, así como sustancias enteramente nuevas. Esto incluye una lista de cientos de miles de entidades que van desde materiales radiactivos hasta microplásticos). La humanidad ya superó ocho de estos límites y está muy próximo a superar precisamente el último, si es que esto ya no sucedió. Es decir, ya no hay retorno, el planeta que era está dejando de ser y las voces de economía verde o de producción sustentable son simples eufemismos y sería mejor aceptar esa realidad para hacer frente a una situación que lastimosamente afectará más intensamente a los más pobres y excluidos del planeta. Lo cierto es que de la crisis climática no somos responsables todos por igual, tiene que ver sobre todo con algunas personas y sectores que se benefician incluso de esa crisis, que son los dueños del capital y quienes impulsan el capitalismo en esta nueva fase.  ↩︎
  9. Ibid. ↩︎
  10. Ibd. ↩︎

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